jueves, 23 de septiembre de 2010

"Lombriz!", dijo la gallina

Tenía un sueño recurrente, o esporádico. Me subía a la cama, y a partir de ahí, no paraba de gritar. Era quizá la búsqueda más precisa de la imagen más perfecta, si es que acaso existiera. Por momentos escribía largos tratados acerca de cómo conseguirla.


Hojas, una tras otra.

Me divertía, por lo inexacto de la posición.

Es un día de calor como aquel día. No era una marca record, pero rondaban los 30º. Seguía en la calle. Con una cámara, la primera, una Pocket 110. Demostraba no importarme el medio, solo una instantánea. Esperé, llegaste, me saludaste, me trataste inexplicablemente, me miraste raro.

No se conocen las decisiones solares, asi que tus ojos estuvieron de más. Eran el instante y tu cara, podías hacerme mirar y detener el curso.

La imagen pasó.

                                Estaba.
                                            
                                            Luego, sentí la puñalada más certera en mi pulmón.


 Y sonreí.

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