Casi todo lo que en realidad necesito saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo ser, me lo enseñaron en el jardín de infantes.
La sabiduría no estaba en la cumbre de la montaña universitaria, sino ahí, en el arenero.
En el jardín aprendí todo esto: a compartirlo todo, a jugar sin hacer trampa (ponele), a no golpear a la gente (ponele), a poner las cosas en el sitio de donde las ha tomado uno, a limpiar lo que uno mismo ensucia, a no tomar nada que no nos pertenezca (ponele), a pedir disculpas cuando se ha lastimado a alguien, a lavarme las manos antes de comer, a llevar una vida armoniosa, a aprender algo, y pensar algo, y a dibujar, cantar, bailar, jugar y limarla, con el grado de lime de un infante, un poco cada día.
Hay que dormir la siesta... Cuando salimos al mundo, hay que tener cuidado con el tráfico, tomarnos de la mano y permanecer juntos para cruzar, abrigarse si los vientos soplan fuerte, y refrescarse si Febo asoma, y ya sus rayos iluminan el histórico convento.
La sabiduría no estaba en la cumbre de la montaña universitaria, sino ahí, en el arenero.
En el jardín aprendí todo esto: a compartirlo todo, a jugar sin hacer trampa (ponele), a no golpear a la gente (ponele), a poner las cosas en el sitio de donde las ha tomado uno, a limpiar lo que uno mismo ensucia, a no tomar nada que no nos pertenezca (ponele), a pedir disculpas cuando se ha lastimado a alguien, a lavarme las manos antes de comer, a llevar una vida armoniosa, a aprender algo, y pensar algo, y a dibujar, cantar, bailar, jugar y limarla, con el grado de lime de un infante, un poco cada día.
Hay que dormir la siesta... Cuando salimos al mundo, hay que tener cuidado con el tráfico, tomarnos de la mano y permanecer juntos para cruzar, abrigarse si los vientos soplan fuerte, y refrescarse si Febo asoma, y ya sus rayos iluminan el histórico convento.
Hay que observar lo maravilloso, lo nuevo, como la semillita en el vaso de plástico: las raíces crecen hacia abajo y la planta hacia arriba, la vida misma se convierte en raíz, y el tallo empieza a subir... Y en realidad nadie sabe por qué, pero todos somos así.
Los peces de colores, los hámsters, las ratas blancas y hasta la semillita en el vaso de plástico, todos mueren. Nosotros también.
Recuerdo que aprendí a observar, también.
Todo lo que se debe saber está a la vista, en alguna parte: la regla de oro, "trata a tus semejantes como quisieras que te traten a ti", que supongamos que a veces no le daba cabida, porque si me rompías el juguete... también el amor y la higiene; y la ecología, la política (?) y la vida sensata.
Y pensá. Pensá que copado sería el mundo, si todos pudiéramos cada tarde comer a la misma hora, y acostarnos después a dormir la siesta, bien tapados con frazadas!
Y pensá, si en todas las naciones se observara la norma básica de poner siempre las cosas en su lugar, y limpiar lo que hemos ensuciado.
Esto sigue siendo verdad, cualquiera que sea nuestra edad cronológica: que al salir al mundo más nos vale tomarnos de la mano y permanecer juntos.
Así lo hice en el jardín, y siempre estuve protegido.
Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá!
Me fascinó :)
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